sábado, 16 de julio de 2011

cumpleaños



Al cumple de la abuela van viejas viudas que comen bocaditos y toman cerveza a montones. La abuela está sentada en la cabecera de la mesa y desde allí se propone moderar la charla. Una de sus amigas ya no tiene memoria ni sentido de la ubicuidad, pero aún no pierde la capacidad de sorpresa.



La casa de la abuela es la casa de mi infancia. Las paredes del comedor están pintadas de verde claro y están decoradas con plantas artificiales que tienen más de veinte años, pero que la abuela se resiste a sacar porque las eligió mi abuelo. Entendiendo que el abuelo está presente en esas plantas sucias, toscas y llenas de humedad, la familia está completa.


Nos sentamos todos en una mesa larga, con un mantel blanco y rosa chicle que mi tío eligió para la ocasión. La abuela repite más de cinco veces a qué me dedico y las señoras me hacen preguntas que respondo a desgano. Luego apagamos la luz y la abuela sopla la única vela que pusimos en la torta antes que terminemos de cantar. Todos llenamos las copas y brindamos. Pienso que algún día voy a extrañar el cumpleaños de la abuela.

ph: ana clara bórmida

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