viernes, 27 de mayo de 2011

Céline fue un buen hijo de puta

Murió la tía de mi padre y nadie derramó una lágrima. Tres horas antes mi padre la fue a visitar, después sonó el teléfono y alguien le avisó lo que él ya esperaba, pero no tenía la certeza respecto del momento exacto. Mi madre me dio la noticia mientras yo escribía en la computadora. Lo único que me salió decir fue si teníamos que ir al funeral. La respuesta de mi madre tuvo entre líneas el mensaje que siempre va cuando se pregunta lo obvio. Más tarde bajé a tomar Coca Cola y mi padre buscaba documentación. Mientras me servía llegó el médico que se va a quedar con la casa de la tía. Le dejó a mi padre un reloj que pertenecía su nono y que estaba guardado en la casa. Me figuré como que el reloj es de oro. El médico también trajo dólares que están mordidos por unas lauchas y billetes de cien pesos. Mi padre contó el dinero, lo usará para pagar el funeral. Pensé en voz alta que los dólares en buen estado seguro se los quedó el médico, pero no le dije que yo que él lo mando bien a la concha de su hermana por ser un caza jubilados. Como si me leyera la mente, mi madre intervino y dijo que el médico no tiene la culpa, que mejor lo tratemos bien.



Se me ocurrió preguntar en dónde la van a enterrar. Yo nunca fui al cementerio municipal. Hace unas semanas caminé por la cuadra en la que se ubica y pude entrever a través de las puertas abiertas algo de su paisaje gris, las tumbas llenas de moho y hongos verdes, los nichos multitudinarios; y pensé que qué bueno no haber entrado nunca. Mi padre me dijo que la van a cremar. ¿Y qué van a hacer con las cenizas?, retruqué. Me respondió que en mi pieza hay un lugarcito en el que asegura quedarán de diez. Le pregunté porque nunca supe qué se hace con las cenizas de una persona, no conozco muy de cerca el negocio de la muerte. Propongo, y luego me arrepiento, que tiren las cenizas al río. Pero lo digo fría, como si no me importara, y de veras no me importa, la muerte de la tía: a ella le hubiese gustado navegar eternamente, digo.


La tía de mi padre hacía unos postres horrendos que nadie quería comer. También puteaba a mi abuela y engañaba a sus padres para seguir puteando a mi abuela, que era su cuñada. Hace dos años fuimos con mi padre y mi tía a su casa para desocuparla. Ella fue a un geriátrico que le pagaba el médico con el dinero que obtenía del alquiler de la casa. En todos los cajones había estampitas de Jesucristo y cartas en las que alguien había escrito que Dios acompaña, pero nadie nombraba a la Virgen María. Ese día vi una bolsa llena de nueces y le pregunté a mi tío si estaba mal si me las llevaba. Mi tío me dijo que me las lleve, pero que cuando las pelara, un frasco era para él. Una vez las pelé pero nunca le di nada. En realidad me las llevé para joder al médico porque mi padre sufrió al ver que la casa de su infancia iba a parar a manos de un desconocido por culpa de una vieja despechada. Después resultó que las nueces tenían gusanos y que muchas cosas se rompieron luego de hacer cierta repartija. Algo en esa casa estaba medio maldito, pero yo no digo nada.


Ahora llaman viejas a mi casa para obtener datos de lo que sobreviene para despedir a la difunta. Nadie sabe cómo fue que se enteraron tan rápido, escucho que mi hermano le dice a una que no sabría decirle en dónde la velarán. Hace dos horas que mi padre se fue, sabemos que mañana tenemos la obligación de ir al funeral. Le pregunté a mi madre si vamos a tener que estar cuando cremen el cuerpo. Mi madre no sabe qué decirme, me manda a la mierda y me dice qué cómo se me ocurre preguntar semejante cosa. Tengo miedo de sentir olor a pelo quemado.





3 comentarios:

supongoqueanonimo dijo...

y el título es arbitrario?
o sí hay una relación entre celine y la muerte de tu tía?

es gracioso que en la radio hablan de celine en este momento.

Ana Clara dijo...

Porque Céline era un nazi, pero cuando murió su esposa dijo que la vida para ella ya no tiene sentido, o algo así. Un hijo de puta de que dejó una huella, Céline dejó una huella.

L.L. dijo...

Sos grande Ana.