domingo, 15 de agosto de 2010

Zero

Tal vez te necesite cerca, Horacio, tal vez. No vas a estar, eso ya lo sé. Pero supongo que tengo el derecho de imaginarlo, aunque hay momentos en los que le pido a Dios que te vayas a la mierda de una buena vez, Horacio, porque no sos transparente y porque nunca decís frases lindas que me curen un poco y eso me cansa y me aburre y también me duele.

Ayer el Vasco me agarró la mano, Horacio. Él tan cálido y yo tan fría que me dio vergüenza. Pero vos lo son tanto más que supongo que no tendré de qué avergonzarme, después de todo vos sos quién yo quiero. Así de imbécil como sos, Horacito. Pero no te preocupes, todo va a pasar porque vos no te andás con chiquitas: yo soy muy inteligente.

El viernes, aunque no podía observar demasiado bien, te vi sonreír; lo que pasó fue que me sonreíste, Horacio. Tu imagen se caía de mis ojos porque estaba llorando. Eran pequeños retratos tuyos cayendo por mis mejillas y además había algo para vos en mí que hasta ahora nunca salió de mis huestes: vos no te merecés ni siquiera ese retratito que caía de mis ojos, porque después de esa sonrisa me dejaste y miraste hacia otro lado, como te gusta hacer. Y eso me duele, Horacito, me duele demasiado y no hay motivo que me haga pensar que esto no puede cambiar.

Me di cuenta que esa sonrisa, exabrupto de tu inconciente, no iba a volver, por lo menos para mí. Caminé unos pasos y encontré a Javier. Él me dijo la mejor frase que podría haber escuchado en toda la noche, esa noche en qué no sabía si estaba en Uruguay o dónde estaba o dónde podía ir, o qué quería y qué mierda. Es feo arrepentirte del pasado, Horacio. Si podría volver a elegir, yo hubiese pasado más tiempo con un chico nombre de prócer, de quién nunca debí haberme alejado.

Javier me dijo esa frase tan hermosa y me agarró de las manos. Como ya era suficiente me fui, me fui insultándote, Horacio. Me fui sin saber cuál es la razón por la cual yo no te mando a la mierda. Tal vez te necesite cerca, ay Horacio, pero amo el sonido que hacés cuando te alejás.

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