domingo, 21 de febrero de 2010


–Te voy a matar –le dije. No me tembló el pulso y lo maté: primero le clavé un cuchillo en la garganta, del lado derecho. No me gusta nada la sangre, pero continué: el filo, clack, directo al corazón. Después no derramé ni una lágrima, ni una. Limpié la sangre, enterré su cuerpo mutilado y bien descuartizado, porque si me lo propongo, pues lo hago y no me ando con rodeos. Cuando vi que ya estaba todo impecable me senté a oler la última estela de humo de cannabis. La última que saldría de sus pulmones, porque ya no vivís pibito, una lástima. No podrás fumar ni sentir olor a mierda. No podrás decir mentiras ni comer carne. Nunca más podrás recordar todo lo que te amé, y está bien que así sea. Yo también voy a olvidarlo porque tengo memoria volátil e inteligente. El olor a marihuana ya no existe: eso significa que vos tampoco existís, y eso para mi hoy se llama felicidad. Y me siento tan orgullosa de haberte matado, y más orgullosa aún por no haberte llorado, voy a brindar por tu ausencia. Después de una hora, ya no voy a recordar tu nombre.

5 comentarios:

Puta se nace dijo...

Gracias por tu visita.
Saludos.

mareano dijo...

Lo bueno si breve, dos veces bueno.

Anónimo dijo...

mujer asesina y grosa

Facundo Cottet dijo...

estás loca, ni vale la pena. Después te comes causa, penal, pasas a ser un capítulo de mujeres asesinas que a la semana ya se olvidaron y seguís igual. Mejor robale la marihuana, fumásela por la cara y andate puede llegar a sufrir más ah y de vos no se va a olvidar

Sebastián Lalaurette dijo...

O quemale el mantel con el cigarrillo. NUNCA voy a olvidar a la que me quemó el mantel con el cigarrillo.