sábado, 2 de enero de 2010


-Me dijiste que era una buena mujer -lo increpó desde allí-. Fue horrible de tu parte. Y ahora te irás. ¿Por qué tuviste que decirme eso justamente?

Shimamura volvió a verla golpeando la esterilla con su peineta de plata.

-Me hiciste llorar. No sólo en tu habitación. Seguí llorando cuando volví a casa. Me aterra dejarte. Pero vete. Por favor. Jamás podré olvidar cómo me hiciste llorar.

Yasunari Kawabata, País de Nieve
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