domingo, 8 de marzo de 2009

Extracción




Y si tengo que someterme a la extracción de mi esencia más pura y visceral, no quedará otra alternativa: dejar por un momento de ser yo. Y si de repente el número cambia y él no se acuerda, ¿Será necesario llorar y enloquecer? Todavía hay algo de misterio. Pienso que no llego a entender. Pienso que nadie entiende. Miro a mis costados y veo rosas. Rosas rojas. Rosas con espinas. Rosas que me hablan. ¿Y dónde está mi rosa? Salí de mi brazo. Sacame la jeringa, ya no me lo apretes. Te lo suplico, no puedo respirar. Si te tardás me muero. Apuarate que la sangre no lo perdona, nunca. Apurate que el corazón me late cada vez más lento. ¿Me estás escuchando? No me escuchás porque me estás gritando. Cuando termine, señor, no me mire a los ojos. Esta vez no voy a pedirle disculpas, el dolor me lo causó usted a mi. Ahora tiene una gota de mi cuerpo. Me la robaron, ustedes. Todos creen que eso está bien. Yo sigo pensando que son unos siniestros hijos de puta y que si vuelven a tocarme con sus mierdas los mato. Los mato.


1 comentario:

L.L. dijo...

Coraje anita, que estamos en la era de la cienciocracia.