domingo, 1 de febrero de 2009

Acto fallido

Amalia estaba ansiosa. Jamás había pensado que algún día lo conocería. Pero eso no era lo mejor. Lo mejor era que ella no lo había buscado. Él quiso. Él lo deseó, y parecía que lo deseaba con la fuerza inaudita de la ignorancia, de la intriga, y sobre todo, del misterio. Amalia sentía algo que podría haber llamado empatía. Aunque en su caso, el misterio no era lo primero. Lo primero, para ella, era el deseo.

Conocía el camino, porque otros amores se lo habían mostrado mucho antes. Tal vez le dio culpa transitarlos para esa otra causa. Tal vez creía que traicionaba su pasado. Tal vez pensaba que no era su pasado, era su presente. Del fututo no pensaba, sabía que el destino haría con ella eso que ella jamás hubiera deseado. Pero, por suerte, no se acordó en ese momento. Tampoco pensó cuando lo vio por primera vez. En realidad pensó tantas cosas que no puedo dilucidar una. Él la abrazó, ella lo abrazó a el. Fue un acto absolutamente surrealista. Y como todo lo surrealista, inigualablemente sublime.

Tres. Fueron tres las veces que lo vio. Después dudó. Dudó cuan real había sido el encuentro. ¿Existió? Quiso corroborarlo y se lo preguntó. Nunca tuvo respuesta.

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