lunes, 26 de enero de 2009

Voy a servirme vino

Qué pasa si un día las estrellas se mueven y nadie está mirando al cielo. Si podés intuir mi llegada creo que algo de eso ahora está en mí. Un poco lo intuí, sí, yo también. Y después hay que lidiar con muchas otras cosas. Creo que ni vos ni yo lo sabemos bien. Cuando me contaste lo de Emir Kusturica te confieso que te sospeché surreal. Yo no puedo conmigo misma. Necesito descansar de mi. Después vi un cuadro de Escher. Te lo habías encontrado camino a casa, y ahí fue cuando confirmé mis sospechas. Desde entonces mi objetivo fue averiguar de dónde venís, quién sos, que querés de mí. A veces sueño que estamos en Barcelona. Le dije a mi santo que ya no te quería. Mi santo me dijo “tranquila”. Me tranquilicé y supe que si te quería. Nunca te lo digo. Creo que no te gusta. Después le encargué mi objetivo al tiempo. No tengo ganas de saberlo ya mismo. Después de todo ¿quién puede evitar lo que le depara el futuro? sin mi santo no puedo vivir. Lo pienso. También te pienso. Y pienso en ese nombre que alguna vez me atormentó tanto. Ese nombre tan lindo y tan cruel. Tan cruel, tan suyo, tan lindo, tan cruel. Ya no quiero pensarlo. Si estuviste en un lugar lleno de estrellas, tantas tantas que nunca hubieras imaginado, tal vez no hayas dejado de mirar al cielo. Tal vez ahora sepas lo que puede pasar cuando no las mirás. Te pediría que me lo cuentes. Pero necesito averiguarlo.

1 comentario:

Rocio Isabel Paez dijo...

Loqui, cuando te sentás a escribir, la verdad que es un lujito. Un gusto leerte! Manda algun mail contando sobre tu verano. Besos a montones