jueves, 14 de agosto de 2008

Globalización




Caminaba por calle 8 y ví un espectáculo que ya había visto antes. Supongo que su idea era divertir al público. Sin embargo en mi causó un efecto que poco tiene que ver con la alegria de escuchar música y ver a sus hacedores. Los aborígenes de la Argentina hoy tienen que tocar sus instrumentos en la calle para ganarse unas pocas monedas.
La mujer estaba parada en medio de la vereda. Lo mas probable es que esperara que nosotros, la clase media dominante (y sin miedo a tormarme reiterativa vuelvo a Seselovsky que tiene razón http://www.criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=8623 ) , le dejemos nuestra limosna. No hubo persona que no la mirase como si fuese una maldita loca, diferente y anticuada.
¿Que nos pasa que no podemos entender, que antes de que los españoles colonizaran estas tierras los aborígenes vivían en el paraíso?
Hoy su riqueza la tiene el Vaticano (en ese entonces el poder máximo lo tenía el Papa por lo cual todos los países debían rendirle cuenta no con actos, sino con objetos). Su futuro lo tenemos nosotros. Y a su cultura ni siquiera se la lleva el viento. Ese músico estaba tocando con el Siku (instrumento originario de las comunidades aborígenes de América del Sur) un tema de Celine Dion, que sirvió de banda sonora de la película del director canadiense James Cameron, Titanic.

1 comentario:

Eleanor Rigby dijo...

Imágen que sin duda me llama mucho la atención...y la interpretación ha sido certera a mi parecer.
Aqui en mi ciudad pasa similar, nuestro nativos tocan música a cambio de unas monedas y el común de la gente los mira como si fueran de otro planeta.
Mis antesesores son aborígenes y para nada me avergüenza decirlo, y lo digo en este idoma, xq el originario lamentablemente a mi nunca llegó, soy una amalgama del crisol de razas,..me acepto así, pero no me olvido que mi color piel es muy de acá, y no de allá.